• Santiago Horror

Creatividad, terror y capacidad de ver bajo el agua


En general el cine de género se establece como una forma creativa de poner en el imaginario público ciertas temáticas que se observan y/o intuyen socialmente. La ciudadanía vive en una constante inconciencia del entorno como una forma de protegerse de los inminentes peligros que existen cotidianamente y eso, evidentemente, es un acto sano de sobrevivencia. Estar siempre preocupado de todo, híper informado y en estado de alerta no es necesariamente algo saludable. Sin embargo existen instancias simbólicas que permiten desde la entretención, la capacidad de análisis y el juicio crítico, estableciendo así un vínculo con la realidad sostenido, nutritivo y conectado.

En particular el cine de terror se hace cargo, a través de sus relatos, de muchos elementos sociales y en varios momentos, incluso se va adelantando a los hechos. Las audiencias tienen, sin duda, que hacer la otra parte del trabajo y establecer una mirada específica y clara respecto a los símbolos y temáticas tratadas en esta manera de ver el mundo.


El terror se puede dar en diversos géneros y por lo mismo no es una temática que se establezca en soledad. Podemos encontrar terror en una película de guerra, amor, infantil, incluso, musical o comedia. En todo caso esta vez nos remitiremos al cine fantástico que se establece en una narrativa paranormal como elemento visionario o develador de la realidad a partir de diversos monstruos o situaciones monstruosas.


Partí diciendo que el arte y la creatividad tenían una característica muy interesante respecto a su vinculación con las realidades existentes y su posible proyección en el futuro, desde esa perspectiva el mundo del terror en particular, cuando se vincula al fantástico, permite establecer ciertas metáforas que si se analizan y profundizan en la mirada pareciera que se puede leer el futuro.


El cine fantástico de terror, hoy en día, ha establecido ciertas miradas específicas donde zombies y sectas se hacen cargo de la realidad existente permitiéndonos tener una idea de cómo funciona el mundo, de qué manera se hace presente en el imaginario del séptimo arte y también, en quienes cultivamos el gusto por éste tipo de películas.


Ya en 1968 George A. Romero nos presenta su obra “The night of the living dead” donde a partir de la realidad de los comedores de cerebro y una nueva propuesta del zombie, establece según sus propias palabras una mirada crítica de la sociedad estado unidense, el conflicto con Vietnam, racismo y la cultura hiper capitalista/consumista que se va gestando en la segunda mitad del siglo XX. El realizador nos permite vincular entonces a estos nuevos monstruos desde diversas mirada metafóricas donde en definitiva no sabemos quién realmente es el monstruo y cómo una violenta y limitante sociedad de consumo nos obliga a establecer una construcción identitaria que nos “zombifica”, es decir nos aplana el cerebro y nos deja como entes no pensantes, sin cerebro ni emociones.



Pero no es sólo el cine de zombies el que establece una mirada crítica y develadora de la sociedad en que vivimos. La narrativa cinematográfica traída de Japón, concretamente lo relacionado con “ringu” (“El aro” - 1998) desarrolla, a partir de una cinta de vhs maldita, la idea de cómo las comunicaciones nos despersonalizan y finalmente nos matan. El análisis es simple, un video siniestro hace que quien lo vea muera en siete días, todo esto al alero de una leyenda urbana. Lo interesante de ésta ´propuesta es que mientras avanza la cinta nos percatamos como el haber visto el clip maldito primero nos quita identidad en la idea de que nuestra imagen se desdibuja en las fotos, es decir el registro de la historia reciente se pierde, luego de haber recibido la llamada telefónica que nos condena a una muerte inminente en tan solo una semana. La temporalidad y el desdibujarse identitariamente son dos metáforas potentes que de hecho se estudian en comunicación, el concepto de infoxicación se describe en tanto el exceso de información genera el efecto contrario y termina desvirtuando la idea de estar informado y con un conocimiento acabado de lo que ocurre en el mundo.





Como podemos ver, una cinta siempre conlleva elemento añadidos al relato propuesto, lo que no significa que nos entreguemos libremente al disfrute de la misma. Demás está decir que las interpretaciones que se hacen de una obra van a depender de quien la vea pero también es evidente que ésta nunca nos deja indiferentes y que de alguna manera siempre nos va a afectar y va a establecer una cierta relación con cómo hemos ido construyendo nuestra historia individual y social.


Por Jaime Coloma




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